lunes, 8 de noviembre de 2010

La sonrisa del Faquir (por Enric Gonzlez, ELLE nº 290)

Hoy os traigo un post para reflexionar... la semana pasada me regalaron el último número de ELLE (Thaks to Ilze) y no suelo leermelo de cabo a rabo, lo ojeo, remiro looks y esas cosas, pero hoy volviéndolo a releer me ha parecido curiosa una columna que escribía Enric Gonzalez (según la wikipedia es hijo del escritor Francisco Gonzalez Ledesma, desarrollando su carrera en el diario El País siendo corresponsal en Londres, París, Nueva York...Cubrió la guerra del golfo, el genocidio de Ruanda y actualmente es el corresponsal de El País en Jerusalem). En su columna habla sobre el papel de la mujer y las cargas sociales que tiene que llevar. Si os apetece leerlo aqui os lo dejo, para mi ha sido fantástica su lectura, ya que considero que las mujeres en general llevamos una gran carga desde que nacemos sólo por ser mujeres, y no entremos en la carga extra según el lugar donde nazcas. "En ciertas circunstancias, lo más difícil es sonreír. Se trata, digamos, de la sonrisa del faquir ante el público: el tipo puede haberse tragado un sable teniendo la boca en llamas y el cuerpo perforado con agujas, pero al final sonríe. Tal vez me equivoque, pero intuyo en las mujeres occidentales una sonrisa de faquir. Me explico: No hace falta teorizar sobre el feminismo para constatar que las jóvenes profesionales suelen esgrimir un currículo académico más notable que el de los jóvenes profesionales. Las estadísticas dicen que en el mundo laboral las mujeres son al menos tan competentes como los hombres, y sobre eso, personalmente no tengo dudas: mis mejores jesfes han sido jefas. Es sabido, sin embargo, que en conjunto las mujeres cobran menos que los hombres. Y no hace falta que me extienda en cómo funciona lo de la familia, los hijos, las tareas domésticas y demás. La mujer no sólo tiene que ser mejor para ser igual, ya me entienden, sino que debe asumir una larga serie de funciones adicionales. Creo que sobre eso existe un cierto consenso. Pero hay más. Por una de esas circunstancias puñeteras en las que se especializa la historia de la humanidad, la relativa normalización del papel femenino en la sociedad ha coincidido con una época narcisista y vagamente frívola. Idealizamos la juventud, el cuerpo saludable, el éxito fácil. Y, encima, hemos desarrollado un concepto pintoresco de la felicidad, según el cual la acumulación de belleza física lleva a la beatitud espiritual. Si no la viéramos tan de cerca, esta época nos parecería rarísima. De la manida "superwoman", por resumir a la mujer occidental de hoy, se espera que sea a la vez Miss Mondoñedo y doctora en Físicas, madre ejemplar y exploradora, amante e independiente, santa y seductora. Y que sea feliz, lo que, según el código social de la industria publicitaria, implica un régimen alimenticio más o menos eterno, la práctica frecuente de ejercicios agotadores, el uso exhaustivo de productor rejuvenecedores y el recurso ocasional a la cirugía. Es decir, un no parar de placeres. La juerga permanente. Con el complemento de la culpabilidad: toda omisión en el cumplimiento de esos deberes de la mujer moderna y feliz conlleva remordimiento, vago o punzante, según los casos. ¿Podemos añadir algo más? Sí, podemos. La sociedad occidental ha evolucionado, pero sigue creciendo esencialmente machista. Sospecho que eso impone a la mujer un determinado grado de adecuación al universon onírico masculino, concretamente en el subapartado sexual. Conociendo como conozco mi propio universo onírico, eso ha de ser realmente complicado. Entretenido, tal vez, y hasta en alguna ocasión satisfactorio, pero complicado. Al final de una jornada corriente tenemos a una mujer que ha trabajado más de doce horas, ha ganado menos dinero que su colega Ramón, se ha torturado con el pilates y ha ingerido una cantidad de calorías puramente simbólica. Misión cumplida. ¿Qué es lo que se espera ahora de ella? Que encima sonría. Que proclame, con un cutis impecable y un brillo de gozo en la mirada, que no hay nada comer ser una mujer de hoy. Hablaba al principio de la sonrisa del faquir. Espero haberme explicado" Sencillamente brillante. Dedicado a todas las que me leéis...y a las que no también. Un beso,

8 comentarios:

Estefa dijo...

Me ha encantado el post!!! Es como si la sociedad exigiera una mujer perfecta que no existe! Cuanta carga por ser mujer, qué agobio!..
Un beso guapa

UNA CENICIENTA MODERNA dijo...

si, de ahi que muchas de nosotras nos auto exijamos todavia mas, y lleguemos a estos niveles de estres, si es que somos tontas!
besos

www.1cenicientamoderna.blogspot.com

tereG dijo...

Vaya que sí!. Me alegra saber que hay hombres que se ponen en nuestro lugar. Estupendo post Eva, muchas gracias ;)

Anónimo dijo...

pues si, me ha caido bien el Enric Gonzalez este. Asi es la vida chicas...seguiremos con las dietas,"el gym" y con nuestros potis!!!!que gracias a blogs como este nos ayuda a enterarnos de cositas jeje. Saluditos!!

Viana dijo...

Buenaaas! Muchas gracias por pasarte!!! Los pendientes se pueden personalizar, sólo tendrías que encargarlos si quieres alguno en especial!!! Muchas gracias de nuevo y un abrazo!!!

Vivas dijo...

Tenemos que estar las 24horas del día pefectas!!!!???.Es un estrés constante!!!.Levántate,recoge la casa,vete al trabajo,vuelve a casa,haz la comida,pon un par de lavadoras,come,vuelve al trabajo,vuelve a casa,haz la cena,cena y siéntate en el sofá con un mínimo de glamour para que tu chico(Las que viven con él como yo),no pierda la chisca y siga viéndote como una mujer sexy!!.Menos mal que en mi casa colaboramos los dos.Aún así,hay días en que me faltan horas!!.
Un beso guspísima,me ha encantado el post!!.

Evamar dijo...

Hola! Me ha encantado este post, con el que me he sentido muy identificada porque yo también siento esa presión de tener que ser una superwoman las 24 horas del día. Buena en el trabajo, buena en casa, buena madre, buena en la cama, mantenerme en forma y buscar cremitas que me mantengan joven el mayor tiempo posible... y luego me pregunta mi pareja como es que voy todo el día tan estresada :( y lo peor de todo es que nosotras mismas lo vemos como una cosa normal.

Menos mal que de vez en cuando montamos con mis amigas una cena de chicas y me "desconecto" por un rato de mis "obligaciones" diarias.

Besos!!!

Belén Romero dijo...

tengo una entrada dedicada al mismo artículo de elle. Gracias por ser igual de feminista que yo. un saludo.